¡Aleluya! La RAE, es decir Academia, esa vieja institución (¿no les hace ruido eso de 'vieja'?), bueno, la famosa Academia nacida en el 1700 nos reconoció. Ya los Ché somos hijos legítimos, la Academia nos incorporó a su vocabulario. Así al menos apareció hace poco la noticia transmitida por los celulares, que esperemos no sea otra de esas fake-news a causa de las cuales ya no nos queda espacio libre en nuestros cerebros.
Y una vez más sucede lo que explicaron muchas veces los académicos pero la mayoría de los hablantes 'cultos' parece ignorar. La Academia no creó el uso de CHE. Los creadores fuimos los hablantes, tanto letrados como analfabetos, ese colectivo anónimo que no pide permiso para usar los elementos lingüísticos con los que se encontraron nuestros glóbulos rojos, neuronas, todo lo que somos, desde el primer momento de vida, y que por lo tanto incorpororamos a nuestro repertorio de palabras. La Academia, como lo dijo bien clarito el director actual, se limita a registrar los usos de nosotros (y de ellos también), los hablantes, y mediante estudios y el uso de estadística,s a definir si es un uso antojadizo, imperfecto, con agregados o con omisiones, de un hablante en particular o de un grupo pequeño, o si es un uso generalizado, aceptado por toda una comunidad, reconocido por la mayoría de los hablantes, en su caso con cambios justificados para resolver de ese modo algo que le falta o que le sobra a la lengua, en un momento dado, por los cambios culturales que se van sucediendo en el tiempo,, indefectiblemente.
Ahora claro, el problema como siempre es quién se atreve a dar el primer paso.